Cata de Suculencias: Escrito sobre las setas

Quién no se ha convertido en micófago alguna vez? ¿ Quién no ha corrido el riesgo de ir a “cazar bolets” ¿  ¿ Quién no ha degustado las salsas elaboradas con las perlas del bosque llamadas trufas o con los aromáticos “ceps” fileteados y aliñados con un suave toque de aceite extra virgen, de primera prensa en frío de las aceitunas arbequinas, elaborar una ensalada?

¿ Quién puede recordar cuándo fue la primera vez que sintió ardor, placer, aroma celestial, perfume de soto-bosque en la lengua, sudor en el cuero cabelludo, lágrimas  en los ojos por ansiedad ingiriendo algo ignoto y de alcance infinito con perfumes varios en las secreción nasal a causa de una seta u hongo comestible pero desconocido y jamás probado?  Sin duda es dificilísimo precisarlo porque el “món boletaire” está en la memoria ancestral de los catalanes (y vascos) y los ha acompañado desde tiempos inmemoriales.

Sabemos por el testimonio de los cronistas, que ancestros antepasados comían las setas como alimento único. ¡¡

Cuantas vidas se sacrificaron sin ellas saberlo particularmente, mártires de la hambruna, para clasificar los que quedaban, a través de su victimario, ampliuar nuestro conocimiento y selección de nomenclaturas, sabias recetas y maridajes con carne, pescado, huevo y ¡¡vinos ¡!

De hecho aprendí a querer a las setas de la mano de gente experta que con sorna se reían de mis ignorancias hasta que desde hace algunos, muchos años,

de la mano de Bodegas Torres, he ido a Berga para aprender con Miguel Márquez , del restaurante Can Sala, de Berga, lo que realmente importa de las setas además de “cazarlas” que es ¡cocinarlas y comerlas ¡ acompañadas indiscutiblemente de un excelente vino. Creerán que es publicidad.: jamás hinco la cerviz por ella. Es un reconocimiento de alumno aventajado ante tan buenos maestros y con el añadido de coincidir con muchos compañeros de toda España pudiendo uno vanagloriarse de la muy tradicional costumbre de ser “micófago” de raíz, sin miedo ni duda y con la altanería de saber distinguir lo bueno de lo malo que en el ámbito de tan preciado tesoro de los bosques , como tesoro lo hay falso y ponzoñoso. Como la vida humana. Creo más en los “follets”, minairons”, ondines .