De vinos y otras maravillas en la Borgoña francesa

He tenido la gran suerte de escaparme unos días al noroeste de Borgoña para conocer el comienzo del otoño en ese idílico paraíso. Allí me he sentido realmente a gusto. He estado bastante relajado y agradecido de contemplar tanto verde, aunque en esta época del año también vi los primeros colores del otoño: rojos, amarillos, ocres… Se trata por tanto de un lugar pintoresco, con viñedos y paisajes maravillosos, llenos de pequeños pueblos y una gente agradable y cariñosa.


Borgoña se encuentra al sureste de París y es la provincia más rica de Francia, tanto a nivel de historia como de cultura. Su esplendorosa naturaleza se complementa a la perfección con un excepcional legado que incluye cosas tan interesantes que podemos ver en el departamento de Yonne. Aquí también se producen los legendarios vinos locales, además de la sabrosa y reputada gastronomía de la zona. Sin duda, el turismo gastronómico es uno de los grandes alicientes del viaje a Borgoña, que resulta un destino ideal para escaparse unos días si lo que se pretende es conocer pequeños pueblos entre viñedos sin renunciar a la posibilidad de practicar otras actividades como el senderismo a pie o en bici, el golf, la pesca, la navegación fluvial... Aunque no es un lugar excesivamente invadido por el turismo, los precios en muchos lugares (restaurantes, boutiques, hoteles, tiendas...) pueden resultar algo elevados.
 
Y, ya que se han mencionado los caldos de Borgoña convendría recordar que los exquisitos vinos de esta región han causado admiración durante siglos, y cada año la histórica Beaune celebra una subasta con los mejores de la zona. Los viñedos de cada una de las regiones vinícolas de Borgoña, producen vinos de una calidad insuperable. Por lo que me atrevería a decir que Yonne es una visita obligada para los amantes de la gastronomía en general, ya que aquí también es posible degustar buenos quesos, miel, trufas, foie gras, legumbres, pan… pero sobretodo, los vinos que se elaboran con uvas pinot noir y chardonnay. Porque esta es la tierra del buen vino, donde las viñas son las protagonistas absolutas, y porque aquí, en Borgoña, cada pueblo, cada edificio, cada parque, e incluso, cada kilómetro, son dignos de una postal.

 

Auxerre fue la primera ciudad a la que llegue en tren desde París, y según sus habitantes, el Canal du Nivernais es uno de los más hermosos de Francia. Justo aquí, en este canal estuve dándole al pedal poco más de una hora, unos 15 kilómetros, ya que mi amigo Laurent Richoux que tiene un negocio de alquiler de bicis www.escapadegourmande.com me esperaba con una monten bike para hacer un pequeño recorrido por la zona. Una bonita experiencia que recomiendo a todos aquellos que visiten la región. Más tarde regresé a esta población y caminé un poco por sus estrechas calles siguiendo un itinerario que hay grabado en el suelo con placas de latón en las que se puede leer Cadet Roussel Auxerre, y que recorre lo más interesante de la ciudad.
 

Hay que recordar que Auxerre fue la primera capital de Borgoña, y hoy es la capital del departamento de Yonne. Un bonito territorio éste, de corte medieval, que baña un rico paisaje con prados, viñedos, promontorios rocosos y exuberantes bosques, además de aldeas con castillos medievales y alguna que otra abadía. El casco viejo de Auxerre está dotado de una gran belleza arquitectónica, donde aquellos que lo visitan podrán pasear por sus pintorescas callejuelas empedradas y descubrir a cada paso los atractivos que ofrece. Y, por si fuera poco, Auxerre está dominada por la Catedral de St-Étienne (San Esteban), de estilo gótico del siglo XI, con un campanario  de 68 metros de altura y con algunas criptas en su interior que se pueden ver, además de las coloridas vidrieras, el coro y un órgano muy singular.
 
Otro de los atractivos de esta villa es la abadía gótica de St-Germain, del siglo IX, en donde se pueden visitar criptas bajo un circuito guiado y se puede apreciar la magnífica arquitectura que se esconde dentro de esta iglesia. Pero en Auxerre además hay varios museos, uno dedicado a  la historia y el arte, y otro,  el Museo Leblanc-Duvernoy, ofrece una excelente colección de porcelanas y pinturas. En el casco antiguo también hay varios vestigios romanos, iglesias góticas de increíble arquitectura, y pintorescas casas medievales con armazón de madera muy bien conservadas que son dignas de ser fotografiadas. Esta ciudad, además de poseer todas estas maravillas cuenta con uno de los mejores equipos de fútbol de Francia. Ahora recuerdo que no hace mucho estuve viendo un partido de la Champion entre el Real Madrid y el Auxerre, en el Bernabeu.
 

Desde aquí me acerque hasta la pequeña población de Chablis, famosa por su vino blanco y su método tradicional de producción, un lugar ideal para comenzar nuestras próximas vacaciones. Un pequeño rincón de Borgoña donde parece haberse detenido el tiempo, que ofrece infinitas alternativas para pasear en bicicleta o a pie, y degustar su gastronomía y sus increíbles vinos. Aquí visité la “Maison de L´Andouillette”www.chavlis.net/maisondelandouillette y saludé al chef Colin Marc quien me ofreció una pequeña degustación de algunos de sus embutidos caseros, que fueron una delicia. En toda la zona se producen casi exclusivamente vinos blancos –hay algunos blancos y tintos poco conocidos como los que probé en la pequeña población de Irancy, en su gran mayoría elaborados con uvas pinot noir y chardonnay. Como todo el mundo sabe, aquí existen viñedos que abarcan más de 4.753 hectáreas aproximadamente, llamados los Viñedos de Chablis.
 

Me despedí de Chablis y puse rumbo a Treigny, para visitar el famoso proyecto de castillo medieval que están construyendo en el oeste de Borgoña. Sin embargo, antes de llegar a Guédelon pasar por la pequeña y encantadora villa de Noyers-sur-Serein, así como por Nitry, Vicelles, el castillo de Saint-. Fargeau (siglo X al XV), donde di un largo paseo por sus jardines y por un pequeño lago. Como decía mi destino era el castillo de Guédelon ya que quería tener una entrevista con la directora del proyecto. Me comento que se trata de un castillo “medieval” que empezó a construirse en 1996 como reclamo turístico y que es una réplica exacta de uno del siglo XIII. Que se está construyendo utilizando los planos originales bajo la dirección del arquitecto Jacques Moulin usando únicamente técnicas y materiales como se hacía en la Edad Media (básicamente piedra, hierro y madera). Se espera que esté finalizado para mediados de 2020. Todos los materiales son pues obtenidos en la zona donde está ubicado el castillo, y que.
 
Antes de despedirme de Borgoña fui a Vezélay que se encuentra sobre un promontorio en el valle del Curey. Está considerado uno de los pueblos más bellos de Francia, con tan solo medio millar de habitantes, que atesora en su interior una notable basílica románica que es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fue inspiración de poetas en el siglo IX y punto de partida de cruzados y peregrinos, de ahí que se considere todavía un lugar de reunión de los antiguos Hermanos de Jerusalén. Su monumento más significativo es la basílica románica de Santa María Magdalena (Ste-Madeleine), del siglo XII, que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979. También diré que en este lugar, San Bernardo anunció la Segunda Cruzada, en el siglo XII, por encargo del Papa. El santo leyó la bula que invitaba al rey de Francia a la guerra y pronunció el pregón mas encendido de su vida.

 

 Otros puntos de interés en Vézelay son las iglesias de Saint-Étienne y de la Cordelle, así como el Museo de Arte Moderno Zervos, que acoge en su colección obras de Calder, Kandinsky, Picasso y Miró, entre otros. Y, para finalizar este pequeño recorrido, solo decir que las hermosas abadías romanas, villas ducales, castillos de tejados barnizados y pueblos encantadores convierten a Borgoña en una región histórica con un rico patrimonio que espera ser descubierto por los que aún no han visitado ésta tranquila región de Francia.
 

(GUÍA VIAJERA) A TENER EN CUENTA 

Para viajar a Francia únicamente se necesita llevar encima el documento nacional de identidad. La mejor época para visitar esta región es durante la vendimia, entre septiembre y octubre, cuando se disfruta del espectáculo de la recolección. 
 

CÓMO LLEGAR 

Si no se puede ir en coche, hay diferentes compañías que vuelan desde las principales ciudades españolas hasta París, e incluso hasta el aeropuerto de Dijon-Borgoña, que está a 6 km al sudoeste de la ciudad. Los aeropuertos de París, situados a 300 km, tienen conexiones diarias en tren de alta velocidad con la capital de Borgoña, y tarda 1,5 horas, aproximadamente.

 

CÓMO DESPLAZARSE 

El medio de transporte más flexible para seguir esta ruta es el coche propio o de alquiler. Entre las principales ciudades existen numerosas conexiones en tren (www.ter-sncf.com). Otras opciones son los paseos en barco por los canales fluviales de Borgoña –hay recorridos de una hora, medio día o jornada completa–, los circuitos en bicicleta –existen 600 km de carriles, y algunos van junto a los canales, y las rutas senderistas o a caballo por caminos rurales. 
 

ALOJAMIENTO 

En Borgoña las posibilidades son amplias, desde hoteles rurales www.gites-de-france.com a otros de lujo ubicados en abadías y castillos www.relaischateaux.com. Otras fórmulas interesantes son las casas de huéspedes que ofrecen los propios viticultores http://es.maisondhotes.net y las granjas que, además de habitaciones, permiten saborear recetas elaboradas con productos autóctonos. Algunas compañías que navegan por los canales disponen de barcos acondicionados para el alojamiento. Ha quien pueda interesar diré que yo estuve hospedado en el simpático “Hotel de La Beursaudiere”, en Nitry www.beursaudiere.com que resultó muy pintoresco y agradable; el “Hotel de la Poste et du Lion d´Or” ***, en Vézelay, muy acogedor y con una gastronomía exquisita; y el “Hotel Le Maxime” ***, en Auxerre, www.lemaxime.com que estaba junto al Canal.
 
Texto y Fotos: Rafael Calvete Álvarez de Estrada