La Haya & Delft“ Dos ciudades holandesas con mucha clase”

“Lejos del bullicio y de la intensa actividad comercial de Amsterdam, encontramos dos bellas ciudades situadas al sur de la capital holandesa: La Haya y Delft, iconos del arte, la arquitectura y la gastronomía de este país, que juntas nos llevarán a conocer un mundo lleno de elegancia”.

 
 
La Haya es la capital administrativa de los Países Bajos, el lugar donde se “cuece” el presente y el futuro de los holandeses. Aquí reside la reina Beatrix y su familia, y es también la sede del Gobierno de Holanda. Una ciudad cosmopolita donde están presentes muchas representaciones diplomáticas del mundo, al igual que el famoso Tribunal de La Haya, y varias instituciones de Naciones Unidas. Porque esta bella urbe no esconde su importancia política y diplomática a nivel internacional, como tampoco esconde la vitalidad y la alegría de ser una ciudad dinámica y centro de la gastronomía de los Países Bajos.
 
Nos encontramos en una ciudad cuyo origen fue un coto de caza de los Duques de Holanda, el cual se conocía como 'Des Graven Hage' que significa "El seto del conde" o "El cercado privado del conde", quien utilizaba sus terrenos para la caza y las diversiones con el resto de la nobleza. Una historia que en parte ha quedado grabada en los enormes muros del Ridderzaal, la Sala de los Caballeros, un edificio construido para albergar las fiestas que los más pudientes organizaban a mediados del siglo XIII, por lo que la convierte en la construcción más antigua de la ciudad. Nos encontramos en el corazón de La Haya, y en parte también en el punto de partida de la propia historia del país ya que fue en esta Sala donde el Parlamento de los Países Bajos rechazó la soberanía de Felipe II, rey de España, en 1581.

Cada rincón de La Haya es una nueva experiencia para el visitante que sin ningún problema puede recorrer a pié todo el centro de la ciudad disfrutando de sus edificios, de las tiendas, de los restaurantes, o de los pequeños callejones tras los cuales siempre encontraremos un pequeño patio con casas viejas reconvertidas en cómodos y modernos apartamentos. Sin embargo, en cada uno de esos rincones a los que me refiero nos acompaña también la mirada de 'La Joven de la Perla', una de las principales joyas del famoso pintor Johannes Vermeer, la cual podemos contemplar en el Museo de Arte “Mauritshuis”, un edificio del más puro estilo clásico del barroco holandés, cuyo interior alberga el Real Gabinete de Pinturas. Pero aquí también encontraremos obras de Rubens, de Rembrandt, de Fabritius, etc., así como otras obras de Vermeer, como es 'Vista de Delft', “Carta de Amor” y “Alegoría de la Pintura”. Y ya que hemos hablado del retrato de esa joven tan misteriosa, cuya mirada nos acompaña en cada esquina de La Haya, decir que es algo que merece la pena contemplar desde todos sus ángulos.


Y, para finalizar este pequeño recorrido por la ciudad de La Haya se recomienda una visita al Museo Mesdag, que conserva la colección más importante del mundo de Piet Mondrian.
 
En seguida se llega a Delft, una pequeña y coqueta ciudad casi unida a La Haya, por lo que debería decir que se trata de una pequeña perla situada en el corazón del país. Una urbe de corte medieval, que está bañada por canales bajo los que discurre el río Schie. Pero Delft también nos ofrece una hermosa arquitectura que bien merece un premio Guiness. Con una población que se acerca a los cien mil habitantes, esta ciudad se encuentra entre La Haya y Rótterdam, y aunque su río no es del todo navegable debido a sus puentes poco elevados, si es aprovechado para que puedan moverse por él algunas lanchas turísticas y viejas barcazas que acostumbran a atracar en los canales para ser reutilizadas como restaurantes y bares de copas en la época estival.



La ciudad existe desde el siglo XIII, por lo que tiene más de 750 años de historia, que recibió su fuero el 15 de abril de 1246 de manos del conde Willem II, aunque en 1536 gran parte de ella fue destruida por un gran incendio. Merece la pena recordar que debe su nombre a la palabra 'cavar', ¿el canal más viejo? es decir, el Oude Delft, o “El Antiguo Delft”.
 
En el centro de la ciudad está la Iglesia Nueva (Nieuwe Kerk) de estilo gótico florido, situada en el corazón de la Plaza Markt y, frente a ella, el hermoso edificio del Ayuntamiento, de estilo renacentista, cuya fachada de piedra data de 1620. De la Iglesia Nueva basta decir que es una típica basílica en forma de cruz, construida entre 1381 y 1510, y cuyo interior alberga la tumba de Guillermo de Orange, y el mausoleo de la Casa de los Orange, es decir, de la realeza holandesa. Su torre mide 108,75 metros, por lo que se trata de la segunda más alta del país, con un carillón de 48 campanas, realizado en el siglo XVII, que acostumbra a sonar cada media hora con una melodía muy pegadiza. No muy lejos de aquí se encuentra la Iglesia Vieja (Oude Kerk), también conocida con el nombre cariñoso de Viejo Juan. Se trata de una iglesia inclinada que se construyó a propósito en 1246 en honor a San Hipólito, siendo por lo tanto la iglesia más antigua de la ciudad. Es un edificio muy original, de culto protestante, y bastante peculiar ya que como uno podrá comprobar su torre está sensiblemente inclinada hacia el canal que la baña, probablemente debido a la poca firmeza del terreno sobre el que se asienta. Tiene 75 metros de altura y cuenta además con una enorme campana del siglo XVI, tan pesada que sólo es utilizada en ocasiones muy especiales.

El vínculo de la Casa de Orange con Delft comenzó en 1572, cuando Guillermo el Taciturno, o Guillermo de Orange, hizo de esta ciudad su lugar de residencia oficial. No olvidemos que este popular rey dirigió la lucha contra España durante la Guerra de los Ochenta Años. En aquellos tiempos Delft era la tercera ciudad más importante de Holanda, después de Dordrecht y Haarlem, y disponía de murallas para su total protección. Guillermo de Orange tomó el convento Prinsenhof (Palacio del Príncipe), que está situado en el centro de la ciudad, como su hogar permanente, donde Guillermo de Orange vivió aquí hasta su muerte en 1584, asesinado a tiros por Balthazar Gerards por orden de Felipe II de España. En sus orígenes había sido el monasterio de Santa Ágata, aunque hoy en día el edificio se ha convertido en el Museo de Historia de Delft.

Al recorrer su centro encontramos numerosos edificios antiguos de una belleza sin igual, así como calles atravesadas por multitud de canales, como si de una Venecia cualquiera se tratara. Estamos en el gran corazón de la ciudad, en donde se apostan hileras de viejos edificios a cuyos pies aparecen diferentes tipos de tiendas, bares y restaurantes donde poder saborear la gastronomía de esta ciudad. Platos con productos tales como las verduras (especialmente los guisantes) y el pescado fresco son los ingredientes principales de la cocina holandesa, y por lo tanto también de Delft. Los productos marinos, pescados, moluscos y mariscos, provienen del mar del Norte y las ostras, de la provincia de Zeeland. Si vemos en la puerta de un restaurante un cartel con una sopera con los colores de Holanda y la inscripción "Neerlands Dis", seguro que podremos probar la típica comida de esta tierra.

 

Por lo general, la cocina tradicional de este país se puede considerar una cocina de invierno, ya que presenta todo tipo de estofados, además de sopas a base de salchichas, pescados, panceta... Cabe destacar que, además de su gastronomía tradicional, en la mayoría de las ciudades de Holanda hay un extenso abanico de exquisitos platos indonesios, ya que el gusto de este pueblo por la cocina de ese país asiático, es algo que ha perdurado desde el antiguo imperio colonial. Dentro de los platos más populares no hay que dejar de probar el "rijsttafel". Se trata de un plato que está elaborado a base de arroz y que se sirve en varios platos diferentes, siempre acompañados de legumbres estofadas, hortalizas con leche de coco, trozos de carne (cordero, ternera y pollo) y ave, pescado, plátano y diferentes salsas. Los mejillones al vino blanco con patatas fritas y el arenque marinado son dos instituciones nacionales. También gustan mucho los pescados fritos y el marisco, sobre todo en la costa.
 
Huelga decir que estos platos, así como la gran mayoría de los demás que se ofrecen en la gastronomía holandesa hay que acompañarlos con las tradicionales cervezas del país. Y, una vez saciado nuestro apetito, decir que en Delft podemos embarcar para realizar un pequeño paseo por sus canales el cual podría finalizar en la fábrica Royal Delft, con una visita guiada que incluye la entrada a los talleres, el museo y la sala de exhibiciones, amén de poder realizar algunas compras en su tienda antes de despedirnos de ella.



Y, ya que se ha mencionado la fábrica de cerámicas de Delft, decir que durante el siglo XVII sus diseños estaban basados en los importados de China, cuando el comercio internacional de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales estableció fuertes vínculos con el país asiático. Por años, esta cerámica ha sido sinónimo de calidad y refinamiento, por lo que es posible encontrar algunas de sus obras en palacios de toda Europa, en residencias reales y en castillos de la nobleza. Sin embargo, acercarse hasta ella en el lugar que la vio nacer, le da a uno un significado diferente. Delft Blauw –o Azul de Delft– es la marca escrita que garantiza la procedencia de estas piezas de alfarería, además de un indicio de la antigüedad de cada una de ellas. Decorada a mano y cocida en hornos especiales, la cerámica de Delft requiere un cuidadoso proceso para alcanzar los estándares de calidad que le reconocen internacionalmente.
 
Otro de los principales personajes vinculados a Delft es el pintor Johannes Vermeer, ya que además nació en esta ciudad en 1632. El genial artista utilizó las calles e interiores de la pequeña villa como motivo o fondo de muchos de sus cuadros. No hay que olvidar que en aquella época, los pintores vendían sus obras a las personas de la clase trabajadora y no a la poderosa aristocracia, ya que los compradores no estaban interesados en retratos de héroes clásicos o de paisajes mitológicos como los populares del sur de Europa. Por ello, las pinturas de Vermeer muestran principalmente escenas de la vida cotidiana holandesa del siglo XVII, y sus retratos y los paisajes ricos en detalles ostentan un fuerte sentido de la realidad de aquellos días.

Datos Útiles:

La Haya es una ciudad que está a tan sólo 60 km de Ámsterdam y a 30 km de Rótterdam, en la costa del Mar del Norte, entre dos aeropuertos, Schipol y Rótterdam Airport. Cuenta con medio millón de habitantes y es la tercera ciudad en importancia del país, a la que se puede llegar por coche, barco (ferry), tren (Thalys) y avión.
 
En cuanto a Delf, decir que está situada entre La Haya y Rótterdam, a solo 30 minutos de Ámsterdam. Tiene unos 96.000 habitantes, y hasta ella se llega a en coche, tren y tranvía. Desde Ámsterdam y La Haya se puede llegar por la carretera A-4, y desde Rótterdam por la A-13. Tiene dos estaciones de tren: Delft y Delft Zuid. También se puede llegar hasta aquí en el tranvía nº 1 desde La Haya, recordemos que. Delft está situado a tan solo 8 km del aeropuerto de Rótterdam.
 
La Oficina de Turismo de Delft
está en:

 

Ir de compras:

La Haya es probablemente la ciudad holandesa con mayor número de tiendas de antigüedades por habitante, lo que supone un auténtico placer dejarse arrastrar por las bellezas de hace cientos de años y que podemos encontrar en los alrededores de la Denneweg. Porque si hay algo que caracteriza esta ciudad a la hora de ir de compras es que cada especialidad (arte, antigüedades, ropa de diseño, ropa pret á porter, etc.) tiene su pequeña zona reservada. Un buen inicio puede ser “Passage”, una galería cubierta que se remonta 115 años en la historia.
 

Lugares de Interés:

Lo que diferencia la danza moderna en este país de la de otros países del mundo es su modernidad y su afán por estar siempre en primera línea, y ello solo lo podemos encontrar en La Haya en el Nederlands Dans Theatre. Esta compañía, que hoy realmente son tres en una, fue fundada en 1959, y su actual director artístico y coreógrafo, Jiri Kylian, es una auténtica leyenda. Se trata de una gran familia donde no hay jerarquía entre los bailarines que además constituyen de por si un grupo heterogéneo de nacionalidades y culturas.
 
Scheveningen es un tranquilo lugar de encuentro en verano que está situado en la costa, pero también un bonito lugar para pasear en pleno invierno y disfrutar del aire frío del Mar del Norte. Llueva, haga viento, frío o calor, la visita a este rincón de La Haya es obligada ya que se encuentra a tan solo seis kilómetros del centro. En primavera es también una zona llena de actividades con un certamen de esculturas de arena o de importantes fuegos artificiales. De Pier, su embarcadero, nos lleva mar adentro para poder disfrutar de una vista magnífica de esta zona, incluida la playa, mientras que el balneario Kuur Thermen Vitalizee ofrece la posibilidad de pasar unas horas de relax tras una jornada turística llena de experiencias. Y, si cualquier viajero experimentado busca en este destino algo diferente, cualquier detalle que convierta su visita en algo divertido y especial, aquí podrá tenerla, y además por duplicado. Por un lado está el Panorama Mesdag, una auténtica experiencia en el tiempo y en el espacio, y por otro Madurodam, un mundo en miniatura donde se puede ver toda Holanda en pequeñito, a escala y con todo lujo de detalles.
 
El Museo Het Prinsenhof de Delft tiene un claustro del siglo XV, y fue la residencia de Guillermo de Orange, ahora es un museo con pinturas, porcelana, plata, alfombras y exposiciones de la Casa de Orange;

 
La Royal Delft es la última fábrica del siglo XVII que aún produce cerámica de Delft hecha a mano;
 Rótterdamseweg,196.
 

 
El Centro de Vermeer
(Vermeercentrum) ofrece un viaje visual sobre la vida, el trabajo y la ciudad que vio nacer a Johannes Vermeer;
 

 

Dónde Comer:

En el centro de La Haya se encuentra el restaurante Maxime, que es uno de los más famosos de la ciudad, donde la fusión entre la cocina francesa y holandesa -según la idea de su chef de cocina Dion Verplancke- es ofrecer buenos productos a precios razonables. El establecimiento ofrece dos menús de cuatro platos por 32 €uros. Una selección de vinos, cuatro diferentes, uno por plato, tiene un coste añadido de 18 €.
 

 
Otro restaurante que merece la pena en La Haya es Calla´s, algo más moderno y lujoso que el anterior, dirigido por el chef Marcel van der Kleijn, en donde se preparan diferentes menús inspirados en una cocina moderna, con un toque de clasicismo gastronómico servido con mucho refinamiento. Además, cuenta con una lista de vinos tintos y otra de blancos de diferentes países del mundo, incluido españoles, que suele ser recomendada por Jan Pronk, el somelier del local.
 

 
En Delft está el Kleyweg´s Stads Koffyhuis, un agradable y pequeño restaurante donde es posible degustar la cocina tradicional de esta ciudad, incluida la cerveza local, a base de platos caseros, sándwiches y algo de pastelería, en un ambiente juvenil y moderno;
 

 
También merece la pena el restaurante Bistro de Pijpenla que es un acogedor local situado en el centro histórico de la ciudad de Delft donde preparan un surtido de platos holandeses e internacionales, con pequeña lista de vinos –incluidos varios españoles- y deliciosos postres caseros;
 

 

Dónde Alojarse:

En La Haya merece la pena el Hotel NH Den Haag, que es un confortable y moderno establecimiento hotelero situado en el centro de la ciudad, muy cerca de la Estación Central, y que ofrece diferentes tipos de habitaciones con todos los detalles que el huésped pueda necesitar. Cuenta con un restaurante, al estilo zen, cuya cocina está supervisada por el conocido chef español Ferrán Adriá y un equipo de cocineros holandeses de primer orden. Tiene además una moderna barra de bar donde poder tomar una copa, o cenar un “tentenpie” si uno no desea sentarse en el restaurante. Los desayunos bufé se organizan en el propio restaurante y son muy completos y animados;
 

 
Un Artículo de Rafael Calvete