Ruta gastronómica por Brujas y Gante (I), cocina de primer orden mundial

Roza el absurdo cómo, aún a día de hoy, se habla de la gastronomía Belga (Flandes) con sorna. Raramente uno puede volcarse con sinceridad en elogios para un conjunto global como es la gastronomía de Flandes.

 
Viajar, ¡qué gran lección de vida!  Cuando uno cree que tiene vastos conocimientos extraídos de las innumerables fuentes culturales que tenemos a nuestro alcance y una opinión formada, sobre casi todo, labrada a lo largo de los años, vivencias, experiencias y escarmientos… queda el conocer un nuevo destino. La cura de humildad llega cuando vislumbras que el mundo que conocías es una visión doméstica, acotada y limitada de la realidad y que existe un abismo insondable donde recrearse y descubrir, para reconocer que tenemos mucho más por comprender, aprender, crecer… y disfrutar. Como bien decía San Agustín (396-430 DC)“El mundo es un libro del que aquellos que no han viajado solo leyeron una página”
 
 

Una visión entusiasta y personal de Flandes viviendo Brujas y Gante

 
Parece extraño empezar un artículo sobre una ruta gastronómica por cualquier país con estas reflexiones, pero así es como el viajero corre el riesgo de volver de Flandes; una región que creemos tan asumida, conocida, vista en foto, en definitiva tan “Europea” y cercana. Nada más lejos de la realidad como argumentaré en éste artículo.
 
Uno vuelve de Londres, Paris, Roma, Florencia o cualquier otra ciudad con la lista de monumentos, anécdotas y obras maestras que ha visto. Enfocar nuestra visita a Flandes apoyándonos en una ruta por los monumentos, historia, legado cultural (incluyendo la gastronomía), etc… puede ser una simplificación que nos llevará a perdernos elementos importantes del viaje: el disfrute, dejarnos llevar, la experiencia y traernos conocimiento sobre actitudes diferentes o nuevas formas de hacer las cosas. Flandes tal vez nos instruya sobre el orden, el trabajo bien hecho, la discreción a la hora de disfrutar de la vida o el encontrar la medida justa de todo, no para copiar, imitar o idolatrar, simplemente para ser conscientes de ello y disponer de dicha consciencia como más nos convenga. A pesar de todo esto, la historia o la oferta cultural, arquitectónica y, por supuesto, gastronómica no tienen nada que envidiar a otros destinos.
 
Decíamos que es extraño encontrarnos un artículo que empieza, y seguirá, de ésta forma pero el que escribe se encuentra ante diversos aprietos. El primero de todos es que aquí, en nuestra revista de gastronomía CartaVariada, existe un magnífico e insuperable artículo de Rafael Calvete justamente sobre Brujas y Gante del que os recomendamos encarecidamente la lectura “Brujas y Gante, dos de las ciudades más bellas del mundo”. Como segunda complejidad está que, gracias a la gran labor de divulgación que están haciendo desde Turismo de Flandes, existen multitud de artículos de excelentes periodistas que disponen de la misma información y vivencias éste redactor pero con innumerables viajes y experiencias a sus espaldas que exceden las propias. Por último, un convencimiento: existen guías, referencias históricas y fotos en Internet, magníficos artículos en revistas (de viajes, viajeros, suplementos de periódicos… como el de José Buitrago en Tiramillas), por citar solo algunas fuentes, todo ello al alcance de la mano. Añadir uno más pretendiendo superar estos magníficos trabajos parece, como poco, un comprometido desafío.
 
Así pues, éste artículo da rienda suelta a las vivencias, sentimientos y lecciones que hemos encontrado durante la ruta gastronómica (sin estar ciegos al resto de estímulos) por Brujas y Gante.
 
Os recomendamos la guía de restaurantes y otros puntos de interés "Ruta Gastronómica por Brujas y Gante (II), guia de restaurantes y más" como continuación al éste artículo.
 

Flandes, carácter y diferencia

 
Lo primero que nos pasa por la cabeza, si no estamos informados de la realidad, es que nuestro destino es  Bélgica. Si bien es cierto a nivel político (y existe cierta separación de poderes), los propios Belgas son los primeros que se identifican con una región concreta sea Balonia al sur, el centro conformado por Bruselas o Flandes al norte. Las diferencias, en los pocos kilómetros que los separan, llegan a los idiomas siendo el Francés el oficial en la parte sur (excepto en un pequeño reducto dónde luchan por el Alemán), en el norte (Flandes) el Neerlandés y en el centro una combinación oficial de ambos.
 
Y por esa diferenciación debemos centrar, y recordar que se trata de impresiones de Flandes con sus matices respecto a otras experiencias en Bruselas, por ejemplo.
 

¿Siempre óptimo para visitar?

 
Evidentemente a todos nos encantaría elegir cuándo viajamos pero nuestros compromisos familiares, profesionales o personales pueden ser un obstáculo que nos lo impida. Parece ser que por convenio hay que viajar en Agosto cuando no hay peor forma de perdernos la esencia de una ciudad, región o país, que situar nuestros vuelos de ida y vuelta justamente en ese mes del año. El entorno se despobla de forma natural de lugareños, que probablemente se dirijan a nuestra ciudad de origen para cerrar el círculo de despropósitos, para ser sustituidos por hordas de turistas y pasamos a encontrarnos con la curiosidad de que “todo el mundo habla Español”. Si Gante es un ejemplo de ciudad “llena en Agosto”, lo de Brujas ya es de Corte Inglés en Navidad.   
 
El clima puede ser otra gran excusa para viajar en verano y es que realmente se agradece pasear con los rayos del sol sobre nuestras cabezas y con varias horas de luz natural para ello. No obstante, hay ciudades que con el otoño, la primavera e incluso el invierno ganan muchos enteros. A veces disponer de menos horas de luz natural puede ser una ventaja. Brujas o Gante son buenos ejemplos de ello. Además, qué hay más bucólico que pasear bien ataviados con abrigos o bufandas por un paisaje lleno de hojas rojas, una fina capa de nieve o entrar en un bar a calentarnos tras un invernal paseo.
     

             

 
Fuera de temporada es cuando las ciudades sacan lo mejor de sí mismas para el turismo: atención, cuidado, oferta cultural, tranquilidad, sentir el vivir real de la ciudad, precios de fuera de temporada, coste del vuelo, etc… Y si a esto adicionamos la apuesta que están realizando las oficinas de turismo de las diferentes ciudades de Flandes para atraer nuestra atención en esas fechas con fórmulas como la city card, los festivales (del chocolate, de la cerveza, culturales, …), los descuentos, etc…  el resultado es que bien merece la pena una pequeña charla con nuestro jefe, familia y otros elementos decisivos a la hora de elegir fecha para nuestro viaje. Otra opción es elegir uno de las ciudades y vivirla cualquier fin de semana del año.
 
Para más información conviene consultar las páginas web de:

 

La denostada gastronomía de Flandes no puede quedar en entredicho

 
Roza el absurdo cómo, aún a día de hoy, se habla de la gastronomía Belga (Flandes) con sorna. No sólo en círculos de tertulia de sobremesa entre amigos, como ha ocurrido a nuestra vuelta y comentando el objetivo de “ruta gastrónomica por Flandes”. También hemos llegado a oírlo a través de tertulias radiofónicas, televisivas, etc… en boca de personajes supuestamente cultos, ilustrados y de prestigio. El consabido “solo tienen patatas y mejillones” (que evidentemente tienen) ha pasado de ser un comentario jocoso o contrario a nuestra opinión, al nivel de grosera sentencia que manifiesta un desconocimiento absoluto de la realidad. Sería como afirmar que en España solo hay toros y paella.
 
Una gastronomía basada en la fusión de las influencias francesa, alemana o italiana junto con productos por los que son mundialmente conocidos como la cerveza, el chocolate, la mostaza o el queso y a la que se le suma el mimo del carácter belga (Flandes) por simple lógica aritmética debe ser de primer nivel. La demostración práctica se obtiene con la experiencia de una visita a éstas ciudades. Existen pocos destinos en los que podamos entrar en prácticamente cualquier establecimiento al azar – aplicando la prudencia lógica de evitar los claramente turísticos – y obtener una experiencia gastronómica casi siempre excelente. No hay apenas margen de error posible en una elección intuitiva. Así lo certifica el Récord Guiness de mayor número de estrellas Michelin por habitante del mundo o el dicho “cantidades alemanas, calidad francesa”.
 

Carácter y Gastronomía en Flandes se dan la mano

 
El carácter de los habitantes de Flandes, que vivimos en carne propia, está lleno de contrastes que participan de forma conjunta en la obtención de un magnífico resultado. Podemos definir virtudes como pulcritud, corrección, educación, prudencia, elegancia, afán e incluso delicadeza, en perfecta conjunción con cierto humor, disfrute por la vida, simpatía, ingenio y hasta un salero propio. Lejos de la cierta frialdad, casi amargura, de la que adolecen algunos países más al norte que merecen los mismos calificativos del primer bloque de virtudes relacionadas con el buen hacer.
 
Todo esto aplicado a los fogones, ollas, cazuelas, sartenes y demás utensilios, y a la enorme variedad de materias primas de las que se componen los platos – carne, pescado, hortalizas, verduras, fruta, chocolate, cerveza, ginebra… - ofrecen un resultado que ralla la perfección culinaria. En los platos encontramos un elaborado trabajo, una conjunción de sabores, la sabrosidad justa (lejos de estridencias y sabores fuertes) y todos los elementos con el trato adecuado, rozando una meticulosidad exagerada. Todo ello resulta en platos deliciosos pero en absoluto pesados o empalagosos como ocurre, por ejemplo, en cocinas con un exceso de manteca, azúcares o sales, que suelen ser recursos de buenos resultados pero algo artificiosos. Incluso los tenderetes en las plazas y más concurridos emplazamientos o los sándwiches a los que recurren los habitantes de éstas ciudades para su comida ligera del mediodía serán de un nivel más que aceptable, en comparación con la comida rápida a la que estamos acostumbrados por nuestros lares.
 
En la definición del “buen comer” suele incluirse el ambiente y el servicio, ya que alteran - en positivo o negativo - el disfrute, incluso ante el mejor de los platos. En Flandes dicha alteración será siempre un elemento positivo a favor de la experiencia. Locales con un cuidado por todos los aspectos, mesas dispuestas con todos los detalles en orden y un servicio atento, experto, comunicativo y profesional en su justa medida, sin llegar a ser pesado, contribuirán a ese buen recuerdo que dejan los mejores momentos. Os recomendamos preguntar, establecer contacto, pedir recomendaciones y dejarse guiar puesto que suelen ser los perfectos anfitriones.
 

 
 

 
La vehemencia con que presentamos los hechos es fruto solo de una realidad incontestable. Raramente uno puede volcarse con sinceridad en elogios para un conjunto global como es, en este caso, la gastronomía de Flandes. Cualquier amante de la buena mesa gozará en Flandes de una experiencia inolvidable, sea cual sea su nivel adquisitivo, sus preferencias gastronómicas o su nivel de exigencia (y en nuestro caso solemos ser exageradamente críticos como así nos recuerdan a menudo).
 
En definitiva, y sin dudarlo, os dejamos una recomendación de destino gastronómico – incluso de fin de semana - sin peros, matices o salvedades: Brujas y Gante.
 
Os recomendamos la guía de restaurantes y otros puntos de interés "Ruta Gastronómica por Brujas y Gante (II), guia de restaurantes y más" como continuación al éste artículo.

 
  
Viaje, texto y fotos: Jaume Quer