Torclum, el aceite de oliva virgen extra mediterráneo con sabor a Luna

El cultivo de la tierra ha sido, desde los albores de la humanidad, una práctica sagrada; lo mismo que mirar al cielo y las estrellas. Es normal, entonces, que a lo largo de los siglos se haya buscado una conexión entre tierra y cielo para mejorar conreos como el de los olivos. En Torclum, una pequeña empresa familiar de la Bisbal del Penedès, han encontrado la respuesta a la búsqueda de este nexo: la Luna.

El excelente aceite de oliva virgen extra de Torclum, de la variedad arbequina, contiene un secreto que la empresa ha guardado bien a lo largo de su centenaria existencia: el conreo de sus olivos está basado en el calendario lunar. La tradición popular dice que la influencia de la Luna es clave en el conreo de los olivos, y a pesar de no haber evidencias científicas, la calidad de los aceite vírgenes de Torclum deja patente que ayuda a conseguir un producto de primera calidad.

Es bien sabido que la fuerza gravitatoria de la Luna influye en las mareas, pero es menos conocido el hecho que también tiene un peso importante en la savia de las plantas, su fotosintesis y la germinación de las semillas. Con luna creciente y luna llena es momento de máxima concentración de savia en la zona superior de las plantas; el plenilunio hace que el árbol crezca más y durante la luna nueva y menguante la savia se concentra en las raíces. El arte de vivir y crecer bajo la influencia del gran satélite.

Haciendo gala de esta sabiduría popular, en los terrenos de Torclum se plantan los esquejes de los nuevos olivos en cuarto creciente para obtener árboles sanos en época de luna llena. La poda, para conseguir una gran producción de aceitunas, se hace siempre en cuarto menguante; y en cuanto a la cosecha, se realiza en luna llena para obtener el mejor aceite de oliva virgen exta del Mediterráneo.

Tener en cuenta las fases lunares es la clave del éxito de Torclum y sus exquisitos aceites de oliva virgen extra. Allá donde, de noche, se refleja la luz de la Luna en el mar, nacen los aceites de oliva Torclum, una caricia del Mediterráneo al paladar.