Viaje a Isla Mauricio “hermosa perla Índica que lloró la pérdida del dodo

Mauricio es un jardín lleno de contrastes cubierto en su mayoría por el verde mar de cañas de azúcar cuyas largas hojas bailan a ritmo de sega. Pequeño paraíso para los amantes de los deportes náuticos,  ofrece muchas posibilidades, amén de podernos bañas en sus limpias y salvajes playas.

 Nacida de la mezcla de mil culturas y diferentes gentes, e inmersa en todo tipo de paisajes, isla Mauricio es un rincón del océano Índico donde uno debería perderse durante unos días. Un tiempo que bien podríamos utilizar para reflexionar, enamorarnos, o simplemente para dar rienda suelta a nuestra imaginación. Porque en Mauricio uno puede llegar a sentirse un ser especial en medio de un paraíso único. No cabe duda que el verdadero secreto de esta isla es la sonrisa de su gente. Una sonrisa blanca y sincera que impregna de alegría el ambiente y deja huella imborrable en el corazón de quienes la reciben.
 
Cuenta con una extensión de 1.865 kilómetros cuadrados, y poco más del millón de habitantes, aunque la Isla Mauricio no se registró en la cartografía hasta llegado el siglo XVI, y antes de ese momento sólo algunas expediciones árabes fondeaban en ella para abastecerse de comida y agua. Eran gentes que, al igual que muchos otros, talaron los bosques de ébano que en aquellos días invadían toda la isla. Sin embargo, fueron los navegantes europeos quienes se animaron a quedarse por un tiempo en este precioso lugar, aunque pronto lo abandonarían sin pena ni gloria, no sin antes participar en la extinción de uno de sus pájaros más emblemáticos: el Dodo.
 
 Al principio, lo que hoy se conoce como Isla Mauricio fue un puerto clave en la Ruta de las Indias, por lo que todavía cuenta con una buena herencia de siglos de colonizaciones. Los comerciantes árabes ya conocían esta isla en el siglo X, a la que llamaron Dina Robin, aunque nunca llegaron a instalarse definitiva en ella. Más tarde llegaron los holandeses y estos sí que llegaron a establecerse en algunos puntos del Oeste de la isla, aunque también lo abandonaron enseguida ya que no les resultaba nada rentable. Sin embargo, estos últimos no se despidieron de la isla sin antes haberla bautizado con el nombre de Mauricio en honor a su príncipe, Mauricio de Nassau.
 
Poco después, son los franceses quienes hacen acto de presencia en la isla creando una fábrica de azúcar, una carretera y un pequeño hospital, además de haber fundado, claro está, la Compañía Francesa de las Indias Orientales, y de llamarla “Isla de Francia”, lo que ocurrió a finales de 1722.
 

 Y, a partir de ese momento se comenzó a edificar la ciudad de Port Louis,

actual capital de Isla Mauricio. Pero fue la Guerra de los Siete Años la que dio más importancia a este pequeño país. Los franceses dejaron una huella importante, no cabe duda, de hecho, la mayoría de sus habitantes todavía hablan su idioma. Pero no tardaron en aparecer por aquel próspero puerto los temidos corsarios ingleses, que con la gracia y benevolencia de estar sirviendo a Su Graciosa Majestad, se hicieron con la isla en la segunda mitad del siglo XVIII. 



Cuesta creer que éste tranquilo y hermoso rincón del océano Índico, que tenía cita con todos los piratas de los mares del sur, haya mantenido, aún después de su emancipación, un nombre tan masculino. De estos, y de muchos más navegantes nace una leyenda en Isla Mauricio sobre la existencia de grandes tesoros en sus costas, he incluso en el interior de la misma, donde de vez en cuando, la fantasía se vuelve realidad al encontrar cofres repletos de plata, oro y joyas preciosas, que seguramente fueron olvidados por algún que otro viejo corsario.
 
Sólo hasta después de las dos Guerras Mundiales es cuando Mauricio toma su ritmo ascendente, en especial desde su independencia en 1968. En la actualidad forma parte de la Commonwealth, afrontando dos grandes problemas; la explotación azucarera y la gran densidad de población con la que cuenta.
 
Hoy en día, sobre una superficie de 65 por 48 kilómetros, una mayoría de inmigrantes hindúes, disputa el lugar a los descendientes de los esclavos negros, los mestizos y una minoría china, francesa e inglesa. Gracias al resultado de estas mezclas culturales, la isla se ve invadida por una gran diversidad de costumbres, religiones y festividades que le brindan una alegría y colorido excepcional. Los colonos mauricianos han sido muy generosos con todos sus invasores, ya que han colocado un gran monolito en recuerdo de los marineros muertos durante la batalla de las dos potencias, una estatua que está ubicada en el puerto de la ciudad de Mahébourg, la segunda en importancia de esta isla, situada al sureste, donde también se encuentra su Aeropuerto Internacional. Y, no muy lejos de aquí, hay un pequeño pueblo artesanal donde los propios artistas venden sus productos directamente, entre los que sobresalen las réplicas en madera de viejos navíos y de pequeñas barcas de pesca de mil colores. Sin embargo, lo más sobresaliente que esta gente elabora pueden llegar a ser las cajas de madera de todos los diseños y tamaños que acostumbran a estar muy bien acabadas.

 Y, por si todo esto fuera poco, habría que recordar que en Isla Mauricio se hablan 33 lenguas diferentes

—trece de las cuales provienen del sub-continente indio— y que se practican nada más y nada menos que 87 religiones diferentes. Buen ejemplo de todo ello lo encontramos en los claros que dejan libre algunas plantaciones de caña de azúcar donde aparecen de pronto templos insólitos, como tartas de colores, o pequeñas y grandes estatuas dedicadas a sus dioses más queridos. Las aldeas y poblados de los nativos que viven en el interior, así como en la costa, se encuentran rodeadas de grandes árboles y bellas plantaciones con todo tipo de flores de diferentes colores. Entre las de mayor tamaño destaca el boniato, de cuyas altas ramas descienden las famosas lianas.  
Visto esto, se puede decir que Mauricio es una isla de origen volcánica y un atractivo paraíso que pertenece al grupo de las Mascareñas. Ofrece una llanura costera y una meseta montañosa cuya mayor elevación es el conocido Pitón de la Riviere Noire, que se eleva a una altura de 826 metros sobre el nivel del mar, y donde existe una piedra en equilibrio que continuamente amenaza con caerse encima de alguien. Y, aunque se trata de un trozo de tierra de ensueño por su belleza natural, no hay que olvidar que es una lástima que de las 40 especies de pájaros que allí habitaban hace cuatrocientos años, tan sólo sobrevivan diez, entre las que destaca el pájaro negro y el pichón rosa. Muchas de estas aves, así como otros animales de la isla, se pueden observar en las cercanías del Río Negro y en las costas de Chamarel, cuya belleza ha estado siempre protegida por un arrecife de coral y un mar tranquilo, cuyo intenso azul turquesa baña las playas de arena fina y palmeras en las que podemos relajarnos como en pocos lugares del mundo.
 

Y, ya que hablamos de relax...

nada mejor que hacerlo en alguno de los hoteles de lujo que hay repartidos por toda esta isla, como es el caso del Hotel The Residence que se encuentra situado en la costa este de la isla y ofrece un servicio muy completo de Spa y otras posibilidades. No cabe duda que la mayoría de estos establecimientos hoteleros ofrecen un servicio excepcional, y siempre están esperando al visitante con los brazos abiertos.
 

 El interior de Mauricio tiene una zona de bosques y montañas, con cascadas y cráteres cubiertos de una rica vegetación en donde bien podría rodarse alguna de las próximas películas del agente 007, o del mismísimo Indiana Jones. Aquí, existe un mirador que está ubicado en lo más alto de una de sus hermosas cascadas de agua, y donde es fácil imaginarse a Pierce Brosnan, o a Harrison Ford a punto de lanzarse al vacío, huyendo de sus malvados enemigos. Porque además, Isla Mauricio está llena de enormes atractivos: desde sus paisajes en la costa, como el que encontramos en la isla de los Ciervos, que es ideal para practicar el submarinismo, la pesca y los deportes náuticos, amén de tumbarse en sus playas de arena fina o darse un chapuzón en sus aguas cristalinas, hasta visitar el famoso Jardín Botánico de Pamplemousses, donde hay infinidad de árboles y plantas exóticas, así como multitud de pájaros y las grandes tortugas centenarias como las que podemos admirar en las Galápagos.
 
 Port Louis es la capital, y cuenta con uno de los puertos más activos del océano Índico. Entre sus obligadas visitas se encuentra su célebre y colorido mercado, por el que siempre desfila un crisol de culturas y donde se puede conseguir todo tipo de productos frescos y frutas tropicales. Especialmente interesante es el mercado de hierbas y especias, cuyos nativos dicen que curan todos los males habidos y por haber.
 
Tanto en Port Louis, como en cualquiera de los cientos de restaurantes que encontraremos a lo largo y ancho de esta isla, uno no puede dejar de probar su rica gastronomía, que además es muy variada. La cocina mauriciana es una viva imagen de su cultura: cosmopolita y plural. Cuenta con un amplio abanico de posibilidades culinarias, aunque habrá que probar los sabrosos platos de la cocina criolla, además del marisco y los diferentes pescados de su costa, entre los que destaca el Blue Marlin y los peces de coral. Y, por supuesto, no abandonaremos Isla Mauricio sin antes haber probado la exótica cocina hindú en cualquiera de sus múltiples restaurantes.
 

 Podríamos decir que Mauricio es un destino que se puede visitar en cualquier época del año.

Y, no es del todo incierto, aunque se recomienda hacerlo cuando ya ha pasado la época de lluvias. Para los amantes de la náutica existen varias posibilidades a la hora de pensar en navegar por sus aguas transparentes. Hay un servicio de alquiler de barcos, con o sin patrón, en Grand Baie, mediante el cual y durante uno o varios días es posible rentar la embarcación más apropiada. También hay la posibilidad de navegar en el “Isla Mauritia”, una inmensa goleta de época construida en 1852, que recorre la mayor parte de la costa durante una jornada entera. Y, para quienes deseen coger la caña y probar suerte también pueden salir a pescar a mar abierto, ya que es posible atrapar algún que otro tiburón martillo, o un exótico Blue Marlin, que acostumbran a nadar por esas aguas.

 

Dicen que cuando el último dodo desapareció de Isla Mauricio más de uno lloró por su rápida despedida. Así cuentan algunos nativos el desastre ecológico ocurrido varios siglos atrás acerca del ave. “Se trataba de un pájaro feo, torpe, con un pico grotesco, unas patas demasiado fuertes para su tamaño, y una cola con plumas desgarbadas. Los primeros marineros que lo descubrieron lo llamaban walghvogel, que significa pájaro nauseabundo. Según unos, el dodo fue muerto a palos por los propios marineros que arribaban a esta isla con el propósito de colonizarla, aunque hace ya de eso más de cuatrocientos años. Sin embargo, las últimas investigaciones acerca de este pájaro demuestran que no fueron los marineros quienes exterminaron al dodo, sino las ratas y los macacos que les acompañaban cuando llegaron a la isla”.
 
Un viejo ejemplar disecado del gran pájaro se quemó accidentalmente en el museo de Londres, por lo que en la actualidad, y por desgracia para este ave paticorta, sólo quedan algunos dibujos de él, así como el recuerdo de que fue un raro ejemplar exclusivo de Isla Mauricio. También se sabe que su pariente más cercano, de tamaño bastante más pequeño, vive en unas islas del sureste asiático, a miles de kilómetros de distancia. Un antepasado de ambos pájaros debió de sobrevolar el océano hace millones de años y, una vez en Isla Mauricio, país frondoso y abundante en semillas y frutas, donde probablemente no le molestarían los depredadores, acabó convirtiéndose en el dodo: un pájaro grande e incapaz de volar. Pero no hay que entristecerse del todo ya que al final fue adoptado como símbolo y aparece en el escudo oficial del país.
 

Información de Interés

 
La isla de Mauricio se encuentra localizada en el paralelo 21º, por debajo de la línea del Ecuador, al suroeste del océano Índico y a 900 kilómetros de Madagascar. Está muy cerca de las islas Reunión, Saint Denis y Rodrigues, lo que permite poder disfrutar de unas temperaturas muy agradables que no superan nunca los 35º centígrados durante todos los meses del año, aunque las lluvias acostumbran a hacer acto de presencia en cualquier momento. Además, la temperatura que ofrece el agua del mar nunca baja de los 22º centígrados.
 
Para entrar en Mauricio solo se necesita el pasaporte en vigor con la fecha de caducidad no inferior a seis meses, así como el pasaje aéreo de regreso. Existen cuatro horas más de diferencia con respecto al GMT, y la población que reside en esta isla predominan los criollos, chinos, surasiáticos y europeos.

  • La compañía: Air Mauritius
  • (Tel:917818172,
  • E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

 Ofrece vuelos diarios, vía París, en colaboración con Air France (Tel: 902207090) y otras ciudades europeas hasta esta hermosa isla. Las tarjetas de crédito son admitidas en la mayoría de los establecimientos, siendo el horario habitual de los comercios de 09:00 h a 16:00 h, de lunes a viernes, y los sábados desde las 09:00 h hasta el mediodía.
 Son muchas las posibilidades que ofrece Mauricio a la hora de pensar en el hospedaje, ya que existen muchos y muy variados establecimientos hoteleros en esta isla. Un buen ejemplo lo encontramos en el

  • Hotel The Residence
  • Tel: 934140210
  • www.theresidence.com

un cinco estrellas de lujo con Spa y todo tipo de comodidades que ofrece un servicio de primerísima calidad. Además, este hotel se encuentra en la costa este de la isla donde están ubicados la mayoría de los mejores hoteles de Mauricio. 



La gastronomía de esta isla se caracteriza por su variedad, en la que se mezclan influencias indias, chinas, criollas y francesas. El arroz es la principal base de sus platos, que se acostumbra a acompañar con pollo, pescados y mariscos. Los currys indios, a base de cerdo, ternera y pollo son los platos más populares de esta isla, que suelen ir acompañados de tamarindo y salsas de mango. La vindaye, es otra salsa hecha con jengibre, azafrán, ajo y guindilla que se utiliza más para sazonar pescados, calamares y pulpos. Es frecuente ver a los vendedores ambulantes transportando, en sus pequeños carromatos, buñuelos, los populares hojaldres rellenos o samoussas o crepes rellenos con curry, además del paratha (el pan hindú) que echo a mano se puede rellenar con diferentes verduras, carnes y pescados acompañados de exquisitas salsas picantes o menos picantes a elegir. Y, aquellos que disfruten del picante, en esta isla se van a poner ciegos de esta especia ya que son muchos los platos que acostumbran a llevarla encima. Para terminar  con la cocina hindú se recomienda probar diferentes texturas del curri y sus grados con más o menos picante como es el korma también con pollo, o mashala con gambas o cordero. Si somos capaces de comer todo quedaremos muy satisfechos porque está muy rico.
 
 Texto y Fotos: Rafael Calvete